Traducir tu web: cuándo renta y cómo se hace para que sirva de algo

Traducir sin cambiar las direcciones es tirar el dinero: Google no indexa lo que no tiene URL propia. Lo que aprendimos migrando nuestras webs a tres idiomas.

Traducir una web parece una decisión de marketing y es sobre todo una decisión técnica. Se puede hacer bien y multiplicar las visitas. Se puede hacer mal y no traer ni una, por mucho que la traducción sea impecable.

La diferencia está en una cosa: si cada idioma tiene su propia dirección.

El error que se paga entero

Hay webs donde cambias el idioma con un botón, el contenido cambia y la dirección del navegador sigue siendo la misma. El idioma se guarda en una cookie.

Para quien navega, funciona. Para Google, las versiones traducidas no existen. No hay dirección que indexar, así que esa traducción no aparece en ninguna búsqueda. Has pagado por un trabajo que no va a traer una sola visita.

Y hay un segundo efecto que se nota antes: si compartes un enlace por WhatsApp con un cliente catalán, se le abre en el idioma que tenga él guardado en su cookie, no en el que tú le mandaste.

Una de nuestras webs, Gest Peritia, estuvo así hasta septiembre de 2026. Lo migramos por esto mismo.

Cómo tienen que ser las direcciones

La regla que seguimos en todo el grupo es esta: el idioma principal vive en la raíz, sin prefijo y los demás llevan el suyo.

/precios          → español
/ca/precios       → catalán
/en/precios       → inglés

El español sin prefijo no es capricho. Sus direcciones son las que llevan años posicionadas y moverlas a /es/precios tira ese posicionamiento por el desagüe a cambio de nada.

Las tres etiquetas que hacen que funcione

Con las direcciones separadas ya se pueden indexar las tres versiones. Falta decirle a Google que son la misma página en idiomas distintos. Eso se hace con tres cosas en el <head>.

Los hreflang de los tres idiomas, en todas las versiones. Cada página declara dónde están sus hermanas.

El x-default, que apunta a la versión que se sirve a quien no encaja en ninguno de los idiomas. En nuestro caso, siempre la española.

Y la canónica de cada versión apuntando a sí misma. Este es el error más caro y el más fácil de cometer: poner la canónica del catalán apuntando al español le está diciendo a Google que no indexe la catalana. Es exactamente lo contrario de lo que se busca y la traducción se queda invisible igual que antes.

Hay una condición más que casi nadie comprueba: los hreflang tienen que ser recíprocos. Si la página española dice que la catalana es su versión en catalán, la catalana tiene que decir lo mismo de vuelta. Cuando no coinciden, Google descarta el grupo entero. Una sola página mal deja sus tres versiones sueltas.

El sitemap también tiene que contarlo

Aparte de las etiquetas en cada página, el sitemap debe anunciar las tres versiones de cada dirección con sus etiquetas xhtml:link. Es redundante a propósito: así Google descubre las traducciones aunque no haya llegado todavía a rastrear cada página.

Lo comprobamos en nuestras propias webs y encontramos que una lo tenía y otra no. La que no lo tenía llevaba meses listando las direcciones sueltas, sin relación entre ellas. Son tres líneas de configuración.

Y el visitante, qué

Dos reglas que aplicamos siempre.

La detección automática actúa solo en la primera visita. Si alguien elige un idioma a mano, esa elección manda a partir de ahí y no se le sobrescribe cada vez que entra.

Los buscadores no se redirigen nunca. Si rediriges a Google según el idioma de su petición, no podrá pedir cada versión por separado y todo el trabajo de hreflang se queda en nada.

Un detalle de sentido común que se nos escapó al principio: a un visitante con el sistema en vasco o en gallego conviene servirle el español, no el inglés. Es un hablante de España. Parece evidente escrito aquí y no lo es cuando se programa la detección mirando una lista de códigos de idioma.

Cuándo no merece la pena

Si vendes servicios presenciales en una comarca y tu clientela habla castellano y catalán, traducir al inglés no te va a traer trabajo. Te va a traer visitas que no compran, lo que empeora tus números sin mejorar tu facturación.

Traducir tiene sentido cuando hay demanda real en ese idioma, cuando puedes atender en él y cuando vas a mantener las traducciones al día. Una versión inglesa congelada en la web de hace dos años es peor que no tenerla.

Y hay un coste que nadie calcula al principio: cada página nueva son tres páginas. Cada corrección de un precio, tres correcciones. Si no hay quien lo sostenga, las versiones se desincronizan en seis meses.

Cómo lo vigilamos nosotros

Con una comprobación automática que se pasa antes de publicar. Revisa que las tres versiones tengan las mismas páginas, que cada una declare su idioma, que estén los hreflang y el x-default, que las canónicas apunten a sí mismas, que haya reciprocidad y que el sitemap anuncie las tres.

Tarda dos segundos y evita el tipo de fallo que, sin ella, se descubre seis meses después mirando por qué la versión catalana no recibe visitas.

Si estás pensando en traducir tu web y quieres saber si compensa, escríbenos y lo miramos juntos. A veces la respuesta es que no.

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